Las redes sociales constantemente nos aportan información nueva, rápida y, en apariencia, de calidad. Recibir estímulos novedosos genera endorfinas en nuestro cerebro como recompensa y ello esto permite que aliviemos estados negativos a través de la pantalla; y a su vez, nos motiva a repetir esa misma conducta en situaciones similares.

Las redes también permiten comunicarnos más y de maneras muy diversas. Podemos estar en contacto permanente, sin hablar, solo con nuestra presencia virtual o con nuestros likes, dando a entender a la otra persona que estamos. Además, generan sentimientos positivos, como ayudar a crear una identidad propia y sentirse apoyado/a.

También tienen sus riesgos y problemas, como:

  • Generar ansiedad por la necesidad de estar permanentemente conectados y activos en las redes.
  • Empeoramiento de la calidad del sueño y del descanso debido a que la luz de los dispositivos electrónicos interfiere en los mecanismos cerebrales que ayudan a dormir y descansar.
  • Ciberacoso.
  • Malestar por la sensación de perderse algo si no se está conectado.
  • Empeoramiento de la percepción de la imagen corporal.

Las redes sociales tienen consecuencias positivas y generan sentimientos positivos. A su vez, su uso puede ser un problema si tú consideras que es demasiado para tu gusto, que te hace sentir mal o que te gustaría dedicarles menos tiempo. Lo que cada uno considere excesivo es muy personal, así que no te compares con el resto y piensa la manera de disminuir su uso o relativizar lo que pase en ellas.

Un ejercicio interesante puede ser desconectar todas las noches el teléfono móvil.